BERNARDO A. HOUSSAY (1887-1971) encarna el modelo del científico, del sabio argentino. Paradigma del Investigador, el hombre ético por excelencia. Símbolo de la Inteligencia.
Es necesario enterarse y profundizar respecto del carácter de su vida y su obra. Es un deber para todo argentino. Ejemplo de docente superior, alimento de grupos selectos de científicos. Médico y escritor. Riguroso, exigentísimo y disciplinado. Humanista. Para él, “el cultivo de las Ciencias en su expresión más elevada, es aun más necesario para el adelanto moral de una nación, que para su prosperidad material” . Infatigable trabajador en el área de la fisiología endocrina, entregó su vida a esta ingente labor, en un grado excelso. Hay que recurrir a su figura y a su vida fructífera para encontrar la representación más clara y fuerte del fenómeno espiritual de la Vocación y del desarrollo pleno de una Profesión. Dignidad personal, estudio constante y subido sacrificio. Idealismo y desinterés incondicionales. Amor a los semejantes, independencia de juicio, libre ejercicio del razonamiento crítico, férrea voluntad de aprender y enseñar, aguda capacidad de observación y deducción, acendrado sentimiento de nacionalidad, fueron sus premisas esenciales. “Señores: siempre tuve la más amplia fe en el progreso de mi país y muchos de mis sueños se han realizado” afirmó en 1927, “no desmayéis ante los obstáculos pasajeros. Vuestra familia, vuestra conciencia, vuestra escuela, vuestra patria, la humanidad toda, esperan de vosotros. Tened entusiasmo, perseverancia y disciplina y el éxito será vuestro”. Su prédica y acción constructiva y progresista adquiere el tinte pasional y memorable al modo sarmientino.
DOMINGO F. SARMIENTO (1811-1888) fue otro argentino fundamental. También profesó la religión del Bien absoluto. Auténticos ejemplares del Hombre fundador, organizador y creador, de Palabra y Acción fertilizantes. “Hoy día ya es un axioma aceptado por todos los pueblos que la riqueza, que la libertad y todo progreso humano se reduce a una palabra: Inteligencia” expresa en 1876. “Desesperado de servir a mi país” se define en carta a su amigo José Posse (l865). Genios germinativos, aptitud de animadores y legisladores de la Civilización Americana. Próceres tutelares y definitorios. Iluminados hacedores de nuestra Historia, realizaron trabajo de Hércules en sus respectivas actividades.
“Señores: debemos tener fe en el porvenir de nuestro país en un futuro más o menos próximo”. “Nuestra Nación será grande por obra de sus Pensadores y Sabios” reflexiona Houssay. Siempre siguió, como don Domingo, el “Camino del Lacio”, el de Eneas luego de la caída de Troya. El de la Reconstrucción de la Patria, el deber de persistir en la incesante pugna civilizadora. Modelos de vidas exigidas y rigurosas en objetivos y resultados. Encarnaron la presencia de los Mejores. Los pueblos adelantan en grado directo a su “aristofilia”, como advirtiera Ortega y Gasset, a su inspiración y abrevaje en estos hombres modélicos, los faros más altos de la Argentinidad. “En todo gran sabio encontraréis un gran patriota. No es con discursos patrioteros, sino con obra real, creando centros científicos en plena vida y consiguiendo el respeto mundial para su país, como se hace verdadera obra patriótica” declara Houssay en su “El futuro de la ciencia en Iberoamérica” y en “El porvenir de las ciencias en Argentina”.
Sarmiento y Houssay entendieron que el Saber es Poder, que el incremento de la ciencia aumenta el progreso. Por ello el autor de “Viajes” admira en Alemania el cultivo intenso de la ciencia, a la que él llama “sacerdocio científico” y el desarrollo de la escolaridad popular. Se asombra hasta el delirio ante la Feria de Artes Mecánicas en Boston, todo lo quiere trasplantar a América, con el solo fin de “abrir a la sociedad en masa, de par en par, las puertas del bienestar y la riqueza”. Y así lo entiende Houssay: “O bien se opta por seguir con las declamaciones, las luchas políticas y gremiales personalizadas, enconadas y estériles, o bien se emprende una obra real de fortalecimiento fientífico y técnico del país” (1960).
Patriotismo heroico, integrado a varias y subidas inquietudes. El eminente médico rinde culto a la Ciencia y la Investigación. El gran pedagogo, a la Enseñanza y al gobierno Republicano. Preocupación principal de éste ha sido la instrucción elemental y extraescolar. Para aquél, la enseñanza universitaria. Incontables dificultades e incomprensiones jalonaron sus respectivas meditaciones y acciones. El ideal sarmientino del Investigador está perfilado en su discurso de despedida a Benjamin Gould (1885), en la misma línea houssayana: servidor de la verdad, de la ciencia y en definitiva del país, objeto de gratitud por su acción y estudio constantes, por su poderoso don de observación, por su capacidad ciclópea de “enseñar y ayudar a muchos”. Así como para Sarmiento el conocimiento de la vida de Franklin (“libro alguno me ha hecho más bien que éste”) y de Cicerón (“insigne orador a quien he amado con predilección), el médico maestro fue inspirado por la lectura de Bernard (“me produjo una impresión profunda”) y de Pasteur con su tenaz labor y su elevación de pensamiento.
Ambos han gastado el máximum de su energía espiritual en la tarea dinámica de impulso y de logros, de acción ética excepcional. Los caracterizó un neto coraje del pensamiento. Fueron “inteligentes” en el sentido etimológico del término, dado que “leyeron entre líneas”, vieron con mayor agudeza que sus coetáneos, comprendieron con más amplitud. Convencidos que la Educación representa un vector de cambio y desarrollo del potencial humano y formadora de la nacionalidad. La educación existe para ambos como fenómeno de interacción con la sociedad, como exigencia de la comunidad patria y como necesidad de la misma para su continuidad y cualificación progresiva. “Todos los grandes acontecimientos del mundo han de ser de hoy en más preparados por la Inteligencia. La grandeza de las naciones consiste cada vez más de las fuerzas intelectuales y productivas de que puedan disponer. La instrucción pública tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual” sostiene magistralmente Sarmiento en su “Educación Popular” (1849). La impresión de éste ante la organización de la escuela en Cambridge y su maravilla por la actividad escolar estadounidense (“Las escuelas, base de la prosperidad y de la República”, “Ambas Américas”) condicen con la de Houssay ante el Instituto Rockefeller o la Universidad de Oxford (en su “La Fundación Rockefeller y su obra en Argentina”, “La ayuda a la ciencia en Bélgica”).
Para construir la verdadera Inteligencia Argentina es preciso que la enseñanza adquiera las notas que define Houssay en diversos discursos y escritos: “La enseñanza debe ser activa, práctica, individual y objetiva, desarrollando en el estudiante la capacidad de observar, analizar, razonar, aprender por sí mismo, tener juicio propio, curiosidad científica, espíritu crítico, iniciativa y responsabilidad”.
Para uno y otro la Inteligencia se constituye en la sumatoria de República más Progreso. “El respeto a la tradición y a los hombres gloriosos es prueba de solidez de un país y un signo de su fuerza y estabilidad” sostiene Houssay.
El soberano influjo de Houssay en la fundación de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y del Instituto de Biología y Medicina Experimental, puede equipararse, por la nobleza y fuerza de intención, a la impronta sarmientina en la Ley de Educación Común 1420 y el Congreso Pedagógico Nacional (1882, 1884).
Sarmiento es el antecedente más ilustre y nítido de Houssay en su obra promotora del adelanto científico de nuestro país, en el “avance sobre todo lo conocido hasta aquí en esta parte de América”. El cultivo de la Ciencia significó para ellos el ingreso a la Modernidad, un servicio a la Humanidad y “el comienzo de una regeneración social en estas tierras”.-





