Córdoba. Su primera frustración.
Domingo Faustino y su padre se encaminaron, a principios de 1821, hacia la ciudad de Córdoba con la finalidad de solicitar una beca de favor en el Seminario Mayor de Nuestra Señora de Loreto (demolido el Seminario, se levantó el monumento a Jerónimo Luis de Cabrera, detrás de la catedral de Córdoba).
Monumento a Jerónimo Luis de Cabrera, Córdoba
(solar del Seminario)
Recordemos que el famoso Colegio Monserrat, fundado por Ignacio Duarte Quirós en 1687, solo a partir de 1864 fue centro de ¨estudios secundarios¨. El Déan Gregorio Fúnes, quién había hecho aprobar un moderno y completo Plan de estudios en 1814, fue reemplazado a instancias del nuevo Gobernador Juan Bautista Bustos (asumió en marzo de 1820), por José Gregorio Baigorrí, el 2 de julio de 1822.
Después de varias jornadas llegaron a Córdoba los viajeros, donde se alojaron en casa de un familiar.
San Juan era una modesta aldea, y esta primera salida lo ponía en la ciudad docta y famosa. Sarmiento recordó su primera impresión: ¨¡Espectáculo de dejar lelo a un aldeano!¨. Le pareció grande la ciudad, soberbia la Catedral, y ¨las cosas como visto por un vidrio de aumento¨.
Para mayor asombro, le tocó presenciar las fiestas mayas. La formación que veía en la Calle Ancha era la del Ejército del Norte, el que con Juan Bautista Bustos se sublevó en Arequito pocos meses antes (Motín de Arequito, 8 de enero de 1820), y que ahora sustentaba en Córdoba al improvisado general de esa revuelta, convertido en gobernador.
Juan Bautista Bustos
El general Juan Bautista Bustos, ¨todo bordado de oro bajo dosel carmesí, y un maestro de ceremonias y edecanes cubiertos de galones¨.
El orador se llamaba Fray Cayetano Rodríguez, patricio de 1810 y Congresal de 1816; prócer él mismo en el fasto que se conmemoraba. Tornábase casi dramática la ocasión porque presidía la ceremonia el General Bustos, cuyo ejército sublevado acababa de abandonar la lucha contra los realistas en la frontera del Norte, con lo que empezó a desquiciarse la guerra emancipadora y la política del interior argentino. ¨Cuando el padre sacó de la manga del blanco hábito un pañuelo para limpiarse el rostro con el majestuoso y acompasado ademán de un padre de campanillas; cuando extendió sus manos sobre la cornisa del púlpito, después de una invocación y el texto latino, el movimiento de atención de la concurrencia se tornó en silencio como si nada respirase, como si algo hubiera de suceder¨ (XLVI-27).
En presencia del general Bustos, oyó un sermón ¨que dejó azorados a los oyentes, por las incriminaciones que el fraile patriota dirigía desde el púlpito, recordando la sublevación de la posta de Arequito al hacer reseña de la marcha de la revolución. Tengo presente la estructura del trozo oratorio a que alu¬dió, el cual comenzaba así: ¡25 de mayo de 1810! Día memorable, etcétera. ¡25 de mayo de 1811!, y seguía concretando los hechos históricos, hasta que llegando al año 20, cambió el encomio en ataque, mostrando avergonzado al sol de mayo de aquel año por los hechos que había pre¬senciado. Las gentes se miraban unas a otras en la catedral; a Bustos veíalo yo jugar con una borla del almohadón de terciopelo que tenía por delante de su mesa apoyando el misal, mientras que el fraile implacable, revestido de las insignias doctorales de ambos derechos, seguía fulminando al poderoso mandatario, sobre quien tenía fijas sus miradas¨ (III-83-1850).
¨No habiendo tropas estacionadas, no podía ostentar la larga formación que a la edad de nueve años vi en la cañada de Córdoba el 25 de Mayo de 1820 del ejército arrebatado por el estúpido Bustos a la conquista de nuestra independencia, abandonando el Desaguadero. Conté cuatro batallones, dos de negros; ocho piezas de artillería, a lo que recuerdo, y dos regimientos de caballería, uno de húsares; a éstos les contó los botones de las dos chamarras, cuyo número por supuesto he olvidado ya. No tengo la memoria de las cifras, razón sin duda por la que no he acumulado mucho dinero que digamos¨ (XLIX-18-1884).
Cayetano Rodríguez
Lo que sucedió fue que el orador invocó el fasto de Mayo según cada uno de los aniversarios anteriores, en formas retó¬ricas que el niño apenas si podía entender; mas, al llegar al año 20, aludió a la sublevación de Arequito: – ¨día de luto y de vergüenza para la patria, funesto día que no debieran recordar sus Anales; en que sus hijos volvieron sus armas contra el seno de su madre¨. Esto inquietó a la concurrencia, porque el gobernador Bustos había sido jefe en aquella sublevación; pero el gobernador oyó el anatema, impasible en su solio. Concluyó el predicador deseando a su auditorio la gloria eterna, y luego en el público se levantó un rumor de vestidos y voces, ¨como si un torrente de agua detenida se abriese paso o una bandada de torcazas se alzase del suelo, agitando un millar de alas a un tiempo¨. Durante varios días, el tema de las conversaciones fue el sermón de Fray Cayetano y lo que había dicho en pre¬sencia del gobernador. En la memoria del niño sanjuanino quedó punzante aquella frase: ¨los hijos que volvieron sus armas contra el seno de su madre¨ (Rojas, 1945: 48).
Pero, indefinitiva Domingo volvió a San Juan desepcionado porque no lo admitieron en el Seminario.


