Los ¨freaks¨ de Sarmiento

Los enanos, hermanos siameses,  animales con habilidades humanas (como Pinganilla), etc., abundan en sus Obras Completas. Sarmiento menciona en especial a aquellos que eran tratados como verdaderos ¨freaks¨, como Tom Pouce en el circo de Phineas Taylor Barnum o los siameses Bunker [XXIX-207].

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Los Siameses Chang y Eng Bunker

El enano Albarracin y Tom Pouce

Los Albarracín contaron con algunos personajes que captaron la atención de Domingo, quién sentía mucha curiosidad por los ¨freaks¨. Entre ellos, un hermano de su abuelo, Justo Albarracín, quién era maestro dominico, de quién decía que era enano, y se hizo un altar propor­cionado a su talla. Seguramente de él se acordaba cuando leía sobre el Circo de Phineas Taylor Barnum y su enano Tom Pouce.

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Phineas Taylor Barnum y Tom Pouce


Los Mintrels y el humbug.

En 1869, Sarmiento escribió un artículo sobre los ¨Christy´s Mintrels¨, un grupo de afro-americanos que representaban, lo que Domingo llamó ¨un nuevo arte cómico que salió de la ya muerta esclavitud¨.

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Christy´s Mintrels

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LOS ¨MINSTREL¨

Arte dramático popular americano

(El Nacional, 12 de julio de 1869.)

Veinte años ha, cuando el general Tom Pouce exhibía su exigua persona, como un muñeco de treinta pulgadas de alto, y los hermanos siameses se retiraban de la escena a gozar de su doble matrimonio, en el Museo de Barnum, el rey del humbug asiste a una representación que entonces se llamaba “Los negros de la Florida”. Un negro viejo, otro estúpido y una orquesta compuesta de guitarra, huesitos y pande­ro, he ahí todo el personal de la compañía.

Con elementos tan simples como los griegos con la lira y los verdaderos negros con la marimba, el candombe o el tango, nos divertimos, porque éramos varios sud­americanos, grandemente, y yo mucho más que en la Opera de París que acababa de dejar y en la que brillaban entonces Mario, Baroillhet, ambas GrisI, etc., etcétera.

Era aquélla la representación de la poesía de la raza africana, su arte musical, su alegría infantil, su estúpida malicia, su cándida estupidez, su imaginación primiti­va. Los negritos de Buenos Aires deben ir a aprender a ser negros con los Minstrels Cristy, que hace treinta años, aunque ninguno de ellos los tenga todavía, a que en­tretienen con sus chistes a las gentes de buen humor. Vienen ahora del Cabo de Buena Esperanza adonde fueron sin duda a recibir lecciones de los genuinos cafres. Esas canciones de los negros, verdaderos cantos de raza, se distinguen por una ale­gría franca, sentida, que no alcanzaron a expresar Verdi ni Rossini. Esta tonada se canta y se baila con acompañamiento de sonajas y zapateos, imposibles, si no es uno negro, bien negro, para sentir el compás, la cadencia, el número, con fuerza, con furor, con delirio.

Ver todo el artículo en: Obras Completas, 2.001, XXIX-207.

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